Celestini sobre entrenar en España: “Sería muy bonito volver”
El entrenador y ex futbolista suizo repasa su etapa en Getafe, el doblete con el Basilea, su experiencia en Rusia y su futuro, sin cerrar la puerta a entrenar en la Liga PREGUNTA. Fabio, ahora que...
El entrenador y ex futbolista suizo repasa su etapa en Getafe, el doblete con el Basilea, su experiencia en Rusia y su futuro, sin cerrar la puerta a entrenar en la Liga
PREGUNTA. Fabio, ahora que tienes un poco más de tiempo libre, ¿has podido disfrutar del Mundial? ¿Cómo lo has vivido como entrenador y amante del fútbol?
FABIO CELESTINI. Sí, la verdad es que el Mundial siempre es interesante para ver cosas diferentes. Las ligas como la Premier ya las conocemos, pero un Mundial nos permite ver equipos, entrenadores y estilos de fútbol diferentes. También descubrir entrenadores que quizá no conoces. Nosotros, los entrenadores, nos fijamos mucho en las ideas de los otros técnicos. Ha sido muy interesante ver las tendencias y ahora toca recuperar las ligas europeas.
P. Has jugado en Suiza, Francia y España. Se suele decir que la Premier es la mejor liga del mundo. ¿Realmente hay tanta diferencia en la preparación física respecto a España?
F. C. Yo no tuve la suerte de ir a entrenar o jugar en Inglaterra, así que no puedo hablar directamente de eso. Pero sí puedo comparar mis experiencias. En Suiza se corría muchísimo sin balón. Había una cultura de trabajo y de carrera, con sesiones muy largas. En Francia era mucho más intermitente, con una carga física importante y menos trabajo de gimnasio, en parte por la cultura y por el perfil físico de muchos jugadores.
Después llegué al Getafe y aquello me parecía casi vacaciones. Primer día balón, segundo día balón, tercer día balón… La intensidad en los juegos y las posesiones era muchísimo más alta que en Francia o Suiza, pero no había un trabajo físico tan específico. Había alguna carrera de 1.000 metros que era quizá lo más duro.
Al final, creo que todas las metodologías pueden funcionar. Somos futbolistas jóvenes, entre 18 y 34 años, entrenamos todos los días y, si las cosas se hacen bien, todas las metodologías pueden valer.
P. Y en España, al jugador al que no le gusta el balón le cuesta un poquito más, ¿no?
F. C. Sí, seguramente.
P. Hablando del Getafe, ¿qué recuerdos tienes de aquella etapa como futbolista?
F. C. Tengo recuerdos muy buenos. Con Javi Casquero jugamos cinco años prácticamente uno al lado del otro. Aunque llegaron jugadores importantes para esa posición, cada año acabábamos jugando Javi y yo.
Te puedo asegurar que no recuerdo haber tomado un café con Javi en cinco años. Esa era un poco la esencia de aquel Getafe. No hacía falta ser amigos, ni ir todos los días a cenar juntos. Sabíamos perfectamente a qué teníamos que jugar con Bernardo, con Míchel o con Laudrup. Teníamos una idea muy clara y nos gustaba el balón.
También sabíamos que, si no estábamos unidos, nos íbamos al pozo. Esa era la clave.
P. ¿Cómo funcionaba aquella pareja Celestini-Casquero?
F. C. Javi y yo sabíamos perfectamente qué tenía que hacer cada uno. Cuando había que defender, Javi se escondía un poquito y yo sabía que me tenía que comer esa parte. Pero yo le decía: “Javi, está bien, pero cuando recuperemos el balón tienes que aparecer”.
Yo podía manejar el balón, pero no como Javi. Él tenía que aparecer siempre porque podía hacer mucho daño con su llegada y su juego ofensivo. Yo era más defensivo, de primer control y pase. Sabíamos que hacíamos una muy buena dupla y disfrutamos juntos durante cinco años.

P. De uno de tus mejores momentos como futbolista pasamos a uno de tus mejores momentos como entrenador: el doblete con el Basilea. Llegaste a un equipo en una situación crítica y acabaste ganando Liga y Copa. ¿Cuál es el secreto para revivir a un equipo que está prácticamente muerto?
F. C. Un poco lo que te decía antes: la unidad. Yo siempre intento hacer un análisis de lo que ha pasado durante el año. Lo hice como jugador y también como entrenador.
En el Getafe había mucha unidad. Casi nunca hubo fisuras en el vestuario, ni con el entrenador ni con el club. Todo se vivía muy unido, tanto en los momentos buenos como en los malos.
Cuando llegué al Basilea también sabía que teníamos que unirnos. Estábamos últimos, con cinco puntos de desventaja respecto al penúltimo. El Basilea es un club con una presión enorme, con unos 30.000 aficionados en cada partido. Venían además de jugar una semifinal de Conference League, así que las expectativas eran muy altas.
Intenté ir a lo personal, a lo humano, para juntar a todos. Después, tácticamente, intenté hacer las cosas lo más simples y básicas posibles para que no hubiera confusión.
P. Y ahí apareció Xherdan Shaqiri, que terminó siendo fundamental.
F. C. Sí. Teníamos que encajar a Shaqiri dentro de ese puzzle. El mérito fue de todos: del staff, de los capitanes y de todo el club. Nos unimos para darle la posición, la importancia y las herramientas para que pudiera disfrutar en el campo al cien por cien.
Ese año, después de estar últimos, conseguimos el doblete. Shaqiri hizo 43 puntos en 30 partidos. Volaba en el campo. Nunca había jugado tanto ni había marcado tanto. Nosotros le dimos las herramientas para que pudiera disfrutar y rendir al máximo.
P. Como entrenador, ¿hay que tratar de manera diferente a las grandes figuras respecto al resto de futbolistas?
F. C. Hay que distinguir dos cosas. Las normas tienen que ser iguales para todos. Ahí creo que hay que ser muy fuertes. Las reglas y las normas diarias son para todos y nadie puede escapar de ellas.
Pero en el trato personal es imposible tratar a Shaqiri de la misma manera que a un jugador joven. Yo puedo nutrirme de Shaqiri. Ha jugado en el Inter, Liverpool, Bayern, tiene más de cien internacionalidades y ha disputado varios Mundiales. También puedo aprender de él y él puede aprender de mí. Pero el trato personal no puede ser el mismo porque la exigencia tampoco es la misma.
P. Se habla mucho de que un entrenador no puede ser de ideas fijas y tiene que adaptarse a sus futbolistas. ¿Tú eres de los que muere con sus ideas o eres flexible?
F. C. Para mí hay que distinguir entre la idea y el modelo de juego. La idea no se puede cambiar. Nosotros somos vendedores y tenemos que convencer al jugador de que nuestra idea es la mejor manera de alcanzar el éxito.
Si después de dos o tres meses intentando convencer al futbolista de una idea, por dos malos partidos o dos malos resultados cambias todo, creo que esa es la muerte del entrenador.
Otra cosa es el modelo. Yo soy un entrenador al que el sistema táctico le da bastante igual. Hay sistemas que me gustan más que otros, pero si tengo que cambiarlo no creo que esté cambiando mi idea.
Puedes defender con cuatro y construir con tres. Hay muchas variantes. Si quieres dominar con el balón, tienes muchas formas de hacerlo. Puedes ir al uno contra uno en determinados momentos o decidir cuándo hacerlo.
La idea es cómo quieres que juegue tu equipo y cómo quieres que se te identifique como entrenador. El modelo sí tiene que ser flexible y tienes que ver lo que tienes enfrente.
P. Ponías el ejemplo del Lugano.
F. C. Sí. Con el Lugano quedamos terceros y fuimos a Europa League. Teníamos centrales muy lentos. A mí me gusta presionar y dominar, pero me encontré con un equipo que no podía hacerlo de esa manera.
No les dije simplemente: “Vamos 20 metros para atrás”. Lo que hice fue adaptar el comportamiento tras pérdida. Cuando perdíamos el balón, nos colocábamos en una línea más atrás y los centrales se sentían más cómodos. También teníamos delanteros muy rápidos.
Seguíamos teniendo la misma idea de jugar y dominar con el balón. Tras pérdida, por ejemplo, hacíamos un contrapressing bastante interesante. Esa es la flexibilidad que tiene que tener un entrenador: adaptarse al equipo que tienes sin traicionar tus ideas.
P. ¿Qué te ha dejado tu última experiencia en Rusia, exclusivamente desde el punto de vista deportivo?
F. C. Muchísimo. Fue un desafío enorme. No sabía muy bien dónde iba a aterrizar y eso también era lo que me gustaba.
Por primera vez estaba en un lugar donde no podía comunicarme directamente con la gente. Hablo cinco idiomas y, sin embargo, allí necesitaba siempre un traductor. Tenías a una persona detrás repitiendo lo que decías en otro idioma. Aprendí a trabajar y colaborar con él hasta convertirlo casi en un segundo yo.
También fue muy interesante conocer una cultura futbolística diferente. La mayoría de los jugadores eran rusos y la manera de entender el fútbol era muy diferente a la europea, española, francesa, italiana o suiza.
Conocer una liga de la que prácticamente no sabía nada fue una experiencia única. Fue salir completamente de mi zona de confort.
Además, vivimos una situación complicada por todo lo que estaba ocurriendo en el país. Fueron diez meses muy intensos, con tres meses de pretemporada en Dubái.
Viví como entrenador muchas cosas que todavía no había vivido y además ganamos un título fuera de Suiza. Ganar la Supercopa contra el Krasnodar y sentirme valorado y querido por la gente fue una sensación muy bonita.

P. Has conseguido clasificaciones europeas y títulos, pero llegamos al 11 de agosto y Fabio Celestini sigue sin equipo. ¿Es porque no quieres o porque no ha aparecido todavía el proyecto adecuado?
F. C. Entrenadores con mucha experiencia siempre me han dicho que no hay que tener prisa. Hay que esperar un proyecto que te guste, que te dé esa sensación de decir: “Quiero ir”. Independientemente de muchas cosas, tienes que sentirlo.
Ha habido bastantes contactos y bastantes cosas, pero ninguna me hizo ese “click”. Ninguna me dio esa adrenalina de decir: “Ahí voy”.
Así que estoy esperando. Y también viene bien porque el año en Rusia fue muy exigente, con muchos viajes. Esta pausa me permite pensar en todo lo que hicimos, recargar las baterías y ver cuál será la próxima aventura.
P. Quiero preguntarte por Johan Manzambi, una de las sensaciones del Mundial. ¿Cómo lo definirías?
F. C. Nos está sorprendiendo un poco a todos porque ha explotado hace poco. Es muy joven y ha hecho una gran temporada con el Friburgo, pero en el Mundial no deslumbró hasta el punto que lo hizo.
Creo que Suiza, después de su lesión, perdió quizá un 30% de su creatividad ofensiva. Es un jugador que aparece por todos lados y no sabes muy bien cómo se mueve ni en qué zona va a estar. Es un elemento que puede descolocar a las defensas rivales.
Es el futuro de Suiza a nivel ofensivo. Tenemos también a Dan Ndoye, que es más extremo, más de uno contra uno y de banda, pero Manzambi es un jugador que juega de segunda punta, llega, da asistencias y marca goles. En Suiza hemos tenido algún problema con el delantero y creo que con él tenemos el futuro asegurado.
P. Estás ahora en Valencia. ¿Vas a aprovechar tu estancia en España para ver algún partido de este inicio de Liga?
F. C. Seguramente iré al Levante o al Valencia, que me pillan cerca. Seguramente iré a ver algún partido porque siempre son encuentros especiales. Tanto el Ciudad de Valencia como Mestalla son estadios muy bonitos para ver fútbol en directo.
P. Y para terminar, ¿te veremos algún día de nuevo en un banquillo en España?
F. C. España es siempre un lugar que ha estado en mi cabeza por su estilo de entender el fútbol. Yo llegué tarde y pasé aquí los seis mejores años de mi carrera. Le tengo mucho cariño a España y casi siempre vuelvo en algún momento del año.
Tanto a nivel profesional como personal sería muy bonito volver.
P. Y cuando se marche José Bordalás, cuando él quiera —sin prisas, que nadie se alarme—, tú eres el entrenador del Getafe y vienes al estudio conmigo. ¿Trato hecho?
F. C. Perfecto. Hecho.
P. Pues queda firmado. Fabio Celestini, ha sido un placer tenerte con nosotros. Disfruta de tu estancia en España y ojalá te veamos muy pronto sentado en un banquillo. Y, si puede ser, en Getafe. Un abrazo enorme.
F. C. Muchas gracias. Un abrazo.